sábado, 3 de octubre de 2020

The social dilemma


El título en español "El dilema de las redes" define menos la trascendencia del impacto que las redes están causando que su título en inglés "The social dilemma", porque éste pone el énfasis en la disyuntiva social en que estamos ahora como consecuencia de la invasión de la tecnología en nuestras vidas. A través de nuestro uso de internet, muchos miembros de la sociedad estamos cambiando sutilmente nuestros comportamientos y preferencias, no como consecuencia de decisiones tomadas por el libre albedrío individual, sino por la manipulación invisible de nuestra voluntad por parte de algo o alguien

Las redes sociales no son intrínsecamente buenas ni malas, salvo en el hecho de que su funcionamiento se alimenta de nuestra constante conexión. Puede serlo el uso que hagamos de ellas. Es indudable que las redes sociales e internet están aportando un progreso económico y posibilidades de crecimiento a empresas y personas que era imposible antes de internet. 

La manipulación de las voluntades no es un fenómeno nuevo a lo largo de la historia, pero sí lo es la escala a la cual hoy se produce por la pervasividad de la tecnología (la tecnología está en casi todas nuestras aciones). Pasamos más tiempo conectados a redes y dispositivos del que quizá muchos pasaban leyendo libros o periódicos (otras formas de construcción del criterio o personalidad, sin el carácter social de las redes actuales). 

Esto ha dado lugar a lo que se llama economía de la atención, ya que las redes sociales ganan dinero monetizando nuestro tiempo de conexión. Durante ese tiempo, les estamos regalando nuestros datos (horas de conexión, temas preferidos, nuestras opiniones, nuestros contactos, ...), lo que alimenta una interminable base de datos donde algoritmos de inteligencia artificial cada vez más predicen mejor lo que nos gusta, incluso antes de que nosotros seamos conscientes de ello. Nuestros datos se venden a anunciantes de todo tipo, desde quien quiere vendernos un producto o una idea. Así ganan dinero las redes, alguien paga a los dueños de las redes por nuestros datos, porque la precisión de las campañas de marketing por internet es quirúrgica: cada persona tiene una campaña a su medida. 

Por tanto, nuestra navegación en internet cada vez más se ajusta a los que nos gusta, sin que ello signifique que nosotros lo hemos decidido. Las consecuencias de esto en procesos de construcción de personalidad son gravísimas. 

Hay que entender que "The social dilemma", hace referencia a un concepto más amplio que las redes. Por ejemplo, los buscadores de internet como Google o Safari no son fuentes objetivas o únicas de información, sino que ante una misma consulta darán resultados distintos para distintas personas, de la misma forma que Netflix, HBO o Amazon nos presentan pantallas distintas en función de nuestro historial de navegación. 

En todos los casos estamos viendo cosas o participando en conversaciones que refuerzan nuestros más íntimos sentimientos. También es conocido el sesgo hacia noticias negativas inherente a la personalidad humana, que bien conocen las noticias de TV: las buenas noticias no son noticia, mientras las malas nos mantienen más aferrados a la pantalla. Por tanto no existe una única verdad, sino que puede haber tantas como sentimientos existan, pero esos sentimientos son creados por algo o por alguien que no sabemos qué objetivos tiene si es que los tiene. Lo que sí sabemos es que quieren que estemos conectados el máximo del tiempo para seguir alimentando sus bases de datos y vendiéndolos a anunciantes. 

Hay también que comprender el contexto de soledad creciente en el que se mueve la sociedad en general. Las familias tienden a disgregarse antes, se rompen más matrimonios, las personas mayores están más solas, y los llamados nativos digitales (Gen Z y Millenials son los que pasan más tiempo en redes sociales (Instagram, Twittwe, TikTok, Youtube, Facebook, ...). Pero también pasa con Whatsapp donde las fake news también circulan sin control.

Las redes son un refugio contra la soledad (tenemos alguien con quien hablar hasta sin comprometernos) y en edades de construcción de personalidad e identidad como la adolescencia son extremadamente peligrosas. En esas edades se necesita autoafirmarse porque se está construyendo la identidad propia (quienes somos). La dependencia de los likes nos hace sentirnos aceptados en esa comunidad de amigos y conocidos donde parece que cuantos más seguidores y likes mejor. El caso extremo quizá son los influencers jóvenes, posiblemente más víctimas que ganadores por mucho que tengan éxito económico. 

Las consecuencias como explica este documental pueden ser colosales en países democráticos, donde la gente se informa con un internet abierto (como contraposición al internet cerrado de Rusia y China, por ejemplo). Las redes sociales se han convertido en un método de expresión instantánea de nuestros sentimientos, y los que entienden, controlan y saben usar las redes saben perfectamente qué tecla pulsar para alterar una votación (caso Cambridge Analytica en las elecciones EEUU 2016), o crear un sentimiento (votación del 1 Octubre a favor del referendum de independencia en Cataluña o las revueltas de la primavera árabe de hace unos años). 

Quizá la gran pregunta es si alguien está detrás de todo esto o simplemente algo como la inteligencia artificial se ha hecho tan dominante que es incontrolable. Las teorías conspiracionistas abogan por la primera hipótesis, y no es poco cierto que hay países o empresas que usan las redes para conseguir sus objetivos. Por ejemplo, Rusia no hackeo Facebook para influir en las elecciones americanas. Rusia supo usar la tecnología de Facebook para conseguir un resultado que le interesaba políticamente. 

Pero que hay alguien que lo controla todo es una hipótesis tan buena como cualquier otra. Sí que podemos decir que las redes sociales deben tener más responsabilidad que ser los simples puertas de expresión de los usuarios. Y que por tanto deberían tener un código ético implacableuna responsabilidad legal en la propagación de bulos o intentos de manipulación del orden social establecido, al menos en los países occidentales donde impera la democracia y las libertades civiles. Pero no todo el mundo tiene la misma cultura, cada país ha tenido su historia y por tanto, no todo el mundo tiene el mismo pensamiento occidentalista. 

En suma, este documental será un punto de referencia para el futuro, ya que la inercia  de los acontecimientos solo nos puede llegar a dos situaciones: continuación y empeoramiento, o rectificación a través de la regulación. El tiempo dirá qué camino tomamos. El documental "The social dilemma" tiene la validez de haber sido realizado por ex ejecutivos que inventaron y dirigieron muchos de los proyectos que hicieron que las redes sociales fueran tan adictivas, y por tanto saben de lo que hablan. Son personas, que aunque sin duda todas ellas son extremadamente ricas, han tenido la valentía de reconocer que lo que inventaron se les fue de las manos. Y por tanto o "The social dilemma" es un testimonio valioso. 

Es un documental que hay que ver, y que debería verse en las escuelas y en las universidades. Porque solo se combate la desinformación con formación

Como nota al margen, Facebook acaba de publicar su respuesta pública al documental "The social dilemma".

Criterios de evaluación de "The social dilemma"
Criterios de evaluación de "The social dilemma"

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