sábado, 8 de febrero de 2025

El cónclave

 

La elección de nuevos papas en la Iglesia Católica es posiblemente uno de los procesos más secretistas y arcanos que se mantiene a lo largo de los siglos. Tiene lugar en la Capilla Sixtina, bajo las pinturas religiosas de Miguel Ángel, y se supone que Dios, a través del Espíritu Santo, inspira el voto a través de los cardenales, y el resultado se comunica al mundo a través de la “fumata blanca”. 

La película “El cónclave” analiza la elección papal en una clave más mundana: las luchas por el poder no están ausentes en la institución eclesiástica, ya que no en vano se autodenomina “la obra de Dios en  tierra habitada por humanos”.

La trama de “El cónclave” parte de la muerte de un papa y un proceso de elección en el siglo actual, marcado por el cambio acelerado que afecta a todas las estructuras sociales, donde la percepción sobre la Iglesia Católica está impactada por la dificultad de dar respuestas efectivas a cuestiones como la política internacional, la desigualdad, el papel de la mujer, el divorcio o la modernización de sus estructuras de gestión. En este marco, la Iglesia Católica mantiene  prácticas y tradiciones que muchos consideran anacrónicas, pero que, precisamente por ello, suponen un anclaje profundo en el pensamiento de millones de personas, y también de atracción en nuevos países con falta de referentes.

La película representa bien las distintas caras del poder que hoy reconocemos en la sociedad civil: el conservadurismo y la vuelta a la tradición ante el vértigo del cambio; el progresismo y apertura a los nuevos vientos sociales; la corrupción en la compra de afectos; el papel creciente de los países más atrasados donde el número de adhesiones crece más que en los países históricamente católicos. 


Emerge en la película el duopolio entre pastor y gerente. La Iglesia necesita pastores para seguir captando adeptos, pero también competentes gestores o tecnócratas, y éste es el papel que representa el decano Lawrence, magníficamente interpretado por Ralph Fiennes, el efectivo conductor de la deliberación en el cónclave, que con perspicacia y claridad va desanudando la trama de relaciones e intereses de los cardenales candidatos. Lawrence también representa la crisis de fe en la institución, y pese a ello conduce impecablemente la elección del nuevo papa con los cardenales confinados. Como nada se sabe de cómo los candidatos defienden sus propuestas, en la Capilla Sixtina la película representa una letanía que bien podría haber ocurrido hace siglos. Mientras tanto, los conciliábulos para buscar votos ocurren en los pasillos, en las escaleras, en las comidas entre cardenales, donde aparentemente se sientan en grupos de afines por nacionalidades. 

Destaca el papel secundario de la mujer, en la película interpretado por la orden de monjas que atienden la logística de los cardenales recluidos en las dependencias del Vaticano. En una silente reivindicación la hermana Agnes (Isabella Rosellini) provoca el desenlace: “Nuestro trabajo es ser invisibles, pero tenemos ojos y oídos, …”

En la película resuena el cuestionamiento moral de las certezas, asunto peliagudo cuando se trata de cuestiones de fe, de posturas a favor de la tradición o del cambio. Se reflexiona sobre la admisión del error, del reconocimiento de la falibilidad humana que persigue un ideal, conceptos todos que humanizan el esfuerzo de la Iglesia Católica para convivir en un mundo más piadoso y tolerante. De cómo mantener el misterio divino, pero evolucionando con la sociedad, reajustando ciertos valores.

El desenlace es enigmático, pero lo importante de “El cónclave” es el proceso de la película, magistralmente interpretada en sus distintos arquetipos, exquisita en los detalles de la fotografía y las escenas, y acompañada por una música melodramática que acentúa la intensidad de las escenas. 

Es muy de agradecer, como comentario final, la apertura de la Iglesia Católica a este análisis crudo de sus propias debilidades, algo impensable en otras religiones teocráticas. Es un signo de apertura a los nuevos tiempos de equilibrio entre tradición y progreso social.







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